Parte II
En el artículo anterior ya aprendimos
que somos justificados y salvados por gracia, es decir, sin hacer nada por
merecerlo; pero recibimos ese regalo por medio de la fe, fe en que lo que Jesús
me ofrece es mucho mejor, y que esa fe para ser completa tiene que estar
acompañada de una única obra: liberar nuestras manos de las cosas que hemos
conseguido en nuestra vida pasada para tener espacio de recibir las nuevas
cosas que Jesús consiguió por nosotros. Recordemos, además, que liberar
nuestras manos no nos hace merecedores de la salvación ni la justificación,
porque son cosas que Cristo nos ofreció desde mucho antes de que nosotros
pensáramos en él, así que son cosas que recibimos porque él decidió dárnoslas,
así no más, por puro amor a la humanidad.
La duda que nos queda es, ¿si no
hicimos nada para merecer la salvación ni la justificación, sino que la
recibimos por pura gracia, entonces por qué Jesús dijo que pagaría a cada uno
conforme a sus obras?
“…Porque el Hijo
del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a
cada uno conforme a sus obras.”Mateo
16: 27
Hablemos del segundo tipo de obras de
fe, las acciones buenas que los humanos hacemos, como ayudar a otros, darle de
comer a los pobres, abrigar al que tiene frío y está a la intemperie, educar a
los niños, evitar los conflictos, ser buenos hijos, ser trabajadores y
esforzados; en fin, todas las cosas que según nosotros nos definen como buenas
personas.
Aquellos que no se han
entregado del todo a Cristo, puede que piensen de esta manera: “Yo sé que iré
al cielo porque hago cosas buenas, Dios ve esas acciones buenas y se complace”.
Tienen razón, Dios se complace en las acciones buenas, Él mismo dijo:
Misericordia quiero y no sacrificio.
“Porque
misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que
holocaustos.”Oseas
6: 6
Pero fíjense que el mismo que demanda
misericordia, también demanda que conozcamos a Dios, y no podemos conocer a
alguien con quien nunca nos comunicamos y con quien nunca convivimos; hay que entregarse
a Él.
Por otro lado, muchos de los que ya han
liberado sus manos y se han entregado a Dios, piensan de esta manera: “Ya Dios
me salvó, ahora tengo que hacer cosas buenas para no perder esa salvación, de
otra manera seré castigado”. Lo siento pero también están errados, Jesús
decidió darnos la salvación por gracia, y así como no hicimos nada para
merecerla, tampoco podemos hacer nada para mantenerla, es una salvación eterna,
Jesús no nos la va a quitar. Miren lo que dice Pablo al respecto:
“Por lo cual
estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni
potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni
ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo
Jesús Señor nuestro.”Romanos
8: 38-39
Si Dios nos asegura en su palabra que
nada podrá separarnos de su amor a los que tenemos a Jesús como nuestro Señor,
entonces no es por las cosas buenas que hagamos que mantendremos nuestra
salvación, es por su amor.
En un último grupo de personas, están
aquellos que piensan: “Bien, si nada me separará de su amor, y nada bueno que
yo haga me hará ser más salvo, porque la salvación que recibí es completa,
entonces por lógica no tengo necesidad de hacer cosas buenas, así que
simplemente no haré nada”. ¡Alto! Esto también es un error. Recordemos que
Jesús pagará a cada uno conforme a sus obras.
Para resolver este dilema, vayamos
punto por punto, paso a paso. Primero veamos que, aunque la salvación no se
recibe ni se mantiene por obrar cosas buenas, sí es necesario que hagamos
buenas obras. Volvamos a citar una de las cartas de Pablo mencionadas en el
artículo anterior, la carta a los efesios, esta vez leyendo el versículo que le
seguía al pasaje (recuerden que hay que leer el texto completo, porque sólo
leyendo partes corremos el riesgo de entender lo que no es por no conocer el
contexto):
“Porque por
gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de
Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya,
creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano
para que anduviésemos en ellas.”Efesios
2: 8-10
Y con este pasaje es como si la luz
iluminara cualquier confusión, y es donde Pablo se reconcilia con Santiago,
aunque nunca estuvieron en contradicción como ya lo hemos visto en el artículo
anterior. En el versículo 8 nos dice: «Porque
por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don
de Dios;» Así que ni aun la fe por medio de la cual recibimos la salvación
es nuestra, es un don que Dios nos concede, es decir, la disposición de vaciar
nuestras manos es dada por Dios, nosotros simplemente no debemos endurecer
nuestro corazón ante esa disposición que sentimos por dentro cuando nos llega
el momento de aceptar lo que Jesús nos ofrece. En el versículo 9 tenemos: «no por obras, para que nadie se gloríe.»
Explicarlo sería redundar en todo lo que hemos venido diciendo, no es por lo
que hagamos que obtenemos salvación. Y en el versículo 10 tenemos: «Porque somos hechura suya, creados en Cristo
Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas.» Y es como Pablo nos enseña que sí hay unas buenas
obras que debemos hacer, pero no para mantener nuestra salvación, sino porque
fuimos creados para hacerlas, así que no podemos decir que Dios debería
recompensarnos por nuestras buenas acciones, porque uno no recompensa al vaso
por cumplir la función para la cual precisamente se creó, ni le da las gracias,
porque para eso se hizo. Sin embargo, Dios decide recompensarnos, por gracia,
no porque lo merezcamos. Y esas buenas obras, Pablo dice que Dios las preparó
de antemano para que nos ocupáramos en ellas, así que más bien somos nosotros
los que debemos dar gracias a Dios por permitirnos el privilegio de participar
en ellas.
Entonces tanto Pablo como Santiago
concuerdan en que hay unas buenas obras que debemos hacer para que nuestra fe
sea completa, porque si de verdad creemos que ya Cristo nos ha salvado,
entonces accionamos en la fe porque tenemos plena confianza en que ya tenemos
aseguradas nuestras almas en Cristo, pues, si dudáramos de que nuestras almas
están seguras en Cristo, de nada valdría hacer buenas cosas, ya que nunca
podríamos salvarnos por nuestra cuenta. Y esas buenas obras son parte del fruto
del Espíritu, recordando que al recibir la salvación, el Espíritu de Dios viene
a morar dentro de nosotros, y es Él quien nos mueve a dar ese fruto.
“Aquel,
pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace
por las obras de la ley, o por el oír con fe? Así Abraham creyó a Dios, y le
fue contado por justicia.”
Gálatas
3: 5-6
El oír con fe nos lleva a recibir el
Espíritu de Dios, y si tenemos el Espíritu de Dios, indudablemente el hacer
buenas obras vendrá como consecuencia a esto. Jesús lo ejemplifica claramente
en su parábola del sembrador:
“…He aquí, el
sembrador salió a sembrar… parte [de la semilla] cayó en buena tierra, y dio
fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene
oídos para oír, oiga… el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y
entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por
uno.”Mateo
13: 3, 8, 9, 23. (Recomiendo leer la parábola completa y su explicación en
Mateo 13: 1-9 y 13: 18-23)
Entonces, nos encontramos con que la
palabra de Dios es una semilla, y Cristo vino al mundo a sembrar esa semilla en
nuestros corazones, si nosotros la recibimos, crecemos como un árbol que da
buen fruto, y parte de ese buen fruto son las buenas obras (para ver la lista
completa de las cualidades del fruto del Espíritu lea en Gálatas 5: 22-25). Por
lo tanto, no recibimos el Espíritu Santo por nuestras buenas acciones, sino que
las buenas acciones vienen como consecuencia de recibir el Espíritu Santo, así
como un árbol no se gana el derecho a nacer de una buena semilla dando buenos
frutos, pues, le es imposible dar frutos si primero no se ha sembrado, el
sembrador es el que decide sembrarlo sin que el árbol haga nada para merecerlo.
¿Entonces por qué Jesús dijo que pagaría a cada uno conforme a sus obras, si no
son nuestras buenas obras las que nos llevan a ser una buena persona ni mucho
menos a ser salvados? Él mismo dijo el por qué:
“Por sus frutos
los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No
puede el buen árbol de malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo
árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos
los conoceréis.”Mateo
7: 16-20
Jesús pagará a cada uno conforme a sus
obras, no porque haciendo cosas buenas nos vayamos a ganar la salvación, pues
ya la hemos recibido una vez y para siempre, sino que por medio de nuestras
buenas obras es que se evidencia que ya hemos recibido la salvación de Jesús,
que ya hemos oído su palabra con fe, que hemos recibido su buena semilla.
Cuando Jesús inspecciona los
árboles, y ve alguno que no da buen fruto, lo corta, pero no porque al dar
malos frutos haya perdido su salvación, pues nunca la tuvo, si la tuviera no
daría malos frutos; y menos porque era necesario que ese árbol diera buenos
frutos para recibir la salvación, pues la salvación no se obtiene por dar
buenos frutos; sino que por medio de los malos frutos el sembrador puede ver
que esa semilla no la sembró Él, es decir, esa persona no liberó sus manos para
recibir el perdón, la salvación y el Espíritu de Dios cuando Jesús se los
ofreció gratuitamente sin necesidad de que hiciera algo por merecerlo.
En cambio, cuando Jesús ve a un
árbol que da buenos frutos, no es que le dé la salvación, pues ya la tiene
desde el mismo instante en que fue sembrado, sino que le recompensa, no porque
dando buenos frutos se haya ganado ese privilegio, sino que por medio del buen
fruto el Señor puede ver que esa persona sí vació sus manos para recibir el
perdón, la salvación y el Espíritu de Dios cuando se le ofreció gratuitamente
por gracia. En otras palabras, esa persona recibió la buena semilla que el
sembrador sembró en él, oyó con fe.
Es por eso que Jesús dice que
al que tiene se le dará más, y al que no tiene, aun lo que tiene le será
quitado; porque el que tiene, es porque recibió la semilla de Cristo y se
multiplicó, el que no tiene, es porque no recibió la semilla de Cristo, y como
mal árbol será cortado. Claro, tampoco es que pretendo asustarlos, jamás he
creído en eso de que a las personas hay que hablarles de Dios metiéndoles
miedo. Tengan por seguro que a todos el Padre nos ofrece la salvación y vida
eterna, y si la recibimos no importa que hayamos sido malos árboles en el
pasado, porque todos lo hemos sido. Cuando creemos en la sangre de Cristo y en
su resurrección, y abrimos nuestras manos, es decir nuestro corazón, para
recibir la cesta, Dios nos arranca y nos siembra de nuevo con buena semilla
aunque no lo merezcamos. Mejor dicho, naceremos de nuevo tal y como Jesús le
enseñó a Nicodemo:
“Respondió Jesús
y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no
puede ver el reino de Dios.”Juan
3: 3
Con esto queda claro que no son
nuestras buenas obras las que nos hacen merecer el amor de Dios, sino que el
Espíritu mismo de Dios produce esos frutos en nosotros, y por medio de esos
frutos se puede conocer que hemos recibido la cesta que Jesús consiguió por
nosotros. Así que dejemos de pensar que haciendo cosas buenas entraremos en el
cielo, o que si dejamos de hacer cosas buenas perderemos la entrada al cielo, o
que no tenemos necesidad de hacer cosas buenas porque ya tenemos asegurada la
entrada al cielo; porque así como un buen árbol no puede decidir dar o no dar
buenos frutos una vez que ha crecido, sino que los frutos nacen de manera
inevitable de sus ramas por medio de las cuales viajan todos los minerales
obtenidos por medio de la raíz, así mismo nosotros no podemos decidir dar o no
dar buenos frutos una vez que la semilla de la palabra de Dios ha retoñado en
nosotros, si recibimos la buena semilla esos frutos se van a manifestar en
nosotros de forma inevitable, porque para eso fuimos sembrados. No haremos
cosas buenas por obligación ni porque lo hayamos decidido, sino que el Espíritu
nos moverá a realizar buenas acciones. Entonces no tenemos ningún mérito, el
mérito lo tiene es Jesús que fue quien trabajó en la siembra.
Por eso el Señor dice:
“No todo el que
me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la
voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día:
Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera
demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé:
Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”Mateo
7: 21 -23
Porque si hacemos su voluntad, es
porque hemos conocido a Dios, hemos recibido su Espíritu, y ese mismo Espíritu
nos mueve a hacer la voluntad de Dios. Pero aquellos a los que Jesús se refiere
que le dicen “Señor, Señor”, y no entran al cielo, es lo que buscan hacer cosas
buenas por su cuenta creyendo que así se ganarán la salvación. ¿Por qué? Porque
si digo que entraré al cielo por hacer cosas buenas por los demás o por Dios,
entonces estoy diciendo que de nada sirvió que Jesús muriera en la cruz para
darme salvación, algo así como: “Yo no entraré al cielo porque Jesús se haya
sacrificado por mí, sino que entraré al cielo porque me lo gané ayudando a los
demás, merezco ese premio porque soy bueno”. Y creyendo hacer la voluntad de
Dios estaríamos obrando mal. Para hacer la voluntad de Dios debemos ser guiados
por su Espíritu, no por nuestra razón; y debemos reconocer que la salvación la
obtenemos por gracia, no por nuestras acciones.
Gracias le doy a Dios que me permitió
conocer estas cosas, me enseñó por medio de su Espíritu que no se trata de mí,
sino de Él, y quería compartir con ustedes de lo que he recibido. Espero que
con esto ustedes también ya tengan claro cómo es el asunto de la fe, las obras,
y la gracia. Para terminar, les dejo unos versículos claves, que después de lo
que hemos aprendido en estos dos artículos, no creo que ameriten explicación.
“Porque no me
avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel
que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la
justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo
por la fe vivirá.”Romanos
1: 16-17
“Así que la fe es
por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”Romanos
10: 17