lunes, 17 de octubre de 2016

A Imagen y Semejanza


         Hay una duda que siempre he tenido, y es saber qué forma física tiene Dios, ¿su silueta será humana? ¿Se verá igual a nosotros? La verdad no lo sé. Sin embargo, a veces nos lo imaginamos, incluso de forma inconsciente, como un humano con todas sus partes, ¿por qué lo digo? Porque hay una convención universal de creer que Dios es “hombre”, es decir, no es una “mujer”. Sí, cualquiera se imagina a Dios de sexo masculino, y si lo imaginamos así, es porque definitivamente lo creemos con forma humana.

Pero, leyendo el libro “La Cabaña” de Paul Young, vi algo que es muy cierto: ¿Por qué imaginamos que Dios es hombre (un ser masculino), si él no es humano?. La Biblia dice que Dios es Espíritu:
“Dios es Espíritu; y es necesario que los que lo adoran, lo adoren en espíritu y en verdad.”Juan 4: 24 (RVC)
         Por lo tanto, no debe sonar extraño si decimos que Dios no es ni hombre ni mujer, al fin y al cabo Él no posee un cuerpo humano que lo encasille dentro de un género (hablo de Dios Padre; porque el Hijo, Jesús, sí tuvo un cuerpo humano). Además, debemos recordar que de Dios salieron ambos géneros, tanto el hombre como la mujer, y que en ambos Dios depósito una facción de su divinidad. Esto no quiere decir que Dios sea un hombre y mujer a la vez, sino una naturaleza completa de la que salieron los humanos, los animales, las plantas, los mares, la tierra… todo. Así que es absurdo decir que Dios es un hombre, o una mujer, o un árbol, o un planeta; porque todo procede de Dios, así que todo forma parte de Dios. Es como una casa enorme: yo no puedo decir que la puerta es la casa, o que la casa es una puerta; más bien, la puerta es parte de la casa.

         Teniendo claro que Dios no es una persona o una cosa, y que a la vez Dios puede manifestarse a través de cualquier persona o planta o animal (como se manifestó a través de la burra de Balaam en Números 22: 28-33), ahora nos queda una duda: ¿Por qué el libro de Génesis dice que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, si Dios no tiene forma humana? Bueno, algo verídico es que Dios no tiene un cuerpo de carne y hueso como el de nosotros, y a lo mejor no tiene forma humana, pero se debe tener en cuenta que esa “imagen y semejanza” no se refería a la imagen física de Dios.

         Prácticamente todo lo que encontramos en el Antiguo Testamento son simbologías de las cosas celestiales y de lo que se cumpliría en la persona de Jesús en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, el tabernáculo físico que construyó Moisés en el Antiguo Testamento representaba el templo espiritual de Dios, que no es más que Cristo mismo morando en nosotros:
“¿Y qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? ¡Ustedes son el templo del Dios viviente! Ya Dios lo ha dicho: «Habitaré y andaré entre ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.»2 Corintios 6: 16 (RVC)
         También tenemos el aceite con que ungían a los reyes y sacerdotes del antiguo testamento, y que representaba la unción que recibió Jesús en el nuevo testamento, que no era un aceite, sino el Espíritu mismo de Dios, la misma unción que ahora nosotros recibimos por medio de Jesús (Hechos 10: 38).

         Por otro lado, el arca de Noé dentro de la cual se salvaron ocho personas en el diluvio, simbolizaba a Jesús. Pues así como esas ocho personas fueron puestas dentro del arca cuando Dios envió el diluvio para establecer una otra creación, así Dios nos puso dentro de Jesús cuando juzgó al mundo en la cruz, haciéndonos morir en Cristo y resucitar en Él en la nueva creación:
“El amor de Cristo nos lleva a actuar así, al pensar que si uno murió por todos, entonces todos murieron; (…) De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo!”2 Corintios 5: 14-17 (RVC)
         Entonces lo mismo puede decirse de la creación del hombre: el cuerpo físico a lo mejor sí está hecho a imagen y semejanza de Dios, pero no porque Dios tenga un cuerpo físico, sino que nuestro cuerpo físico es una representación o simbología de la naturaleza divina. Porque así como nuestro cuerpo está conformado por una cabeza inteligente y muchos miembros que le obedecen, así el cuerpo de Cristo está compuesto por Él, que es la cabeza, y todos nosotros que somos miembros de cuerpo:
“Porque así como el cuerpo es uno solo, y tiene muchos miembros, pero todos ellos, siendo muchos, conforman un solo cuerpo, así también Cristo es uno solo. 13 Por un solo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, tanto los judíos como los no judíos, lo mismo los esclavos que los libres, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu…”1 Corintios 12: 12-13 (RVC)
       Por otro lado, también cabe destacar que Adán, en el principio, estaba formado a imagen y semejanza de Dios porque compartía su misma naturaleza divina, ya que vivía en perfecta comunión con su Creador. Sí, ya sé que suena algo un poco loco, pero si aplicamos el sentido común —porque he descubierto en la Biblia que Dios es el ser más racional—, veremos que tiene sentido. Echemos un vistazo al Nuevo Testamento:
“No se mientan los unos a los otros, pues ya ustedes se han despojado de la vieja naturaleza y de sus hechos, y se han revestido de la nueva naturaleza, la naturaleza del nuevo hombre, que se va renovando a imagen del que lo creó hasta el pleno conocimiento…”Colosenses 3: 9-10
         Y allí está el asunto. En este pasaje Pablo nos enseña que después de la resurrección de Cristo, fuimos revestidos con una nueva naturaleza que sí es imagen del Creador, es decir, imagen de Dios.

Si se supone que todos fuimos creados a imagen de Dios, ¿por qué razón Pablo dice que antes de Cristo teníamos una naturaleza que no era imagen de Dios, y que la nueva que recibimos luego de la muerte y resurrección de Cristo sí es imagen de Dios? ¿No y que Adán fue creado a imagen de Dios,  y por lo tanto los que nacemos de Adán, nacemos con esa misma imagen? ¿O es que Adán tenía un cuerpo hecho a imagen de Dios, un cuerpo que no es como el de nosotros, pero que sus hijos, Caín y Abel, nacieron con otra forma, la que conocemos y tenemos nosotros, y no con la forma de Dios?

         Pues no, no es que Adán tuviera la forma de Dios y el resto de los mortales no. ¿Entonces por qué las personas que vivieron antes de Jesús no tenían la imagen de Dios? La explicación es sencilla: Adán fue formado a imagen y semejanza de Dios, pero no de una manera física, sino que Adán, al vivir en íntima comunión con Dios, tenía la naturaleza misma de Dios dentro de sí. El problema, es que cuando Adán desobedeció a Dios, se separó de su Creador y de su naturaleza, perdiendo la imagen de Dios. Así que después de su caída, tanto Adán, como todos los humanos que nacieron de Él, ya no estaban hechos a imagen y semejanza de Dios, porque ya no tenían la naturaleza de Dios como parte de ellos. Si yo le cortó las alas a un águila, sigue siendo un águila, pero ya no está hecho a imagen y semejanza de un águila, porque le faltan las alas y la capacidad de volar. Así mismo, Adán quedó incompleto al perder la naturaleza divina.

        Precisamente fue eso lo que Jesús nos devolvió con su muerte y resurrección, nos devolvió lo que perdimos en Adán: la comunión con Dios. Y como ahora Cristo habita en nosotros, ahora nosotros estamos siendo renovados según la imagen de Dios, tal como lo hemos leído en Colosenses “y se han revestido de la nueva naturaleza, la naturaleza del nuevo hombre, que se va renovando a imagen del que lo creó hasta el pleno conocimiento”.

         Esto nos enseña, que desde la caída de Adán hasta Cristo, los humanos no estábamos formados a imagen de Dios, no conforme a su imagen divina; porque perdimos esa imagen en el huerto del Edén. Pero ya Cristo nos la devolvió por pura gracia y amor.

Tengamos presentes que la intención de Jesús es restablecerlo todo como al principio de la creación. Pero, notemos que el pasaje dice que la renovación es hasta llegar a un pleno conocimiento, lo que quiere decir, que somos transformados a imagen de Dios a medida que lo vamos conociendo a Él y a su palabra, ¿por qué?. Lógico, porque tenemos la vida de Cristo en nosotros.

         Para yo saber cómo soy, tengo que conocer mi rostro, y esto lo hago mirándome en un espejo. Sólo que ahora es Cristo quien vive en nosotros, “y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2: 20). Así que para ser conscientes de nuestra verdadera imagen, no nos sirve un espejo común y corriente, porque éste nos va a reflejar nuestro rostro físico. Debemos mirar un espejo que sea capaz de reflejar al que vive en nosotros, un espejo que refleje nuestro rostro espiritual, y ese espejo es la palabra de Dios y su conocimiento: en la Biblia está registrada la forma de ser de Cristo, su naturaleza, su carácter, sus valores, sus principios, su vida, sus pensamientos. La Biblia, cuando la miramos, leemos, y estudiamos, es el espejo perfecto que nos puede reflejar el rostro de Cristo que vive en nosotros, y al ver ese reflejo, somos cada vez más conscientes de la nueva imagen que recibimos en Cristo, y nos formamos y renovamos en esa imagen, que es la real imagen de Dios:
“Por lo tanto, todos nosotros, que miramos la cara del Señor a cara descubierta, como en un espejo, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”2 Corintios 3: 18

         Antes de despedirme, quiero resaltar un punto importante. Si nosotros somos renovados en la imagen de Dios a medida que vamos conociendo a Cristo, entonces no se trata de que debamos imitar la vida de Cristo. Al leer sobre Él en la Biblia, no nos esforcemos en imitarlo. No necesitamos tratar de ser como Cristo, porque Él ya vive en nosotros. Si a mí me dan alas, no necesito esforzarme en ser como un ave, porque ya lo soy. Nuestro único objetivo, debe ser conocer al que ya habita en nuestro ser, y el mismo Espíritu Santo se encargará de renovarnos según su imagen, como lo dice el pasaje que acabamos de citar en 2 Corintios.

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