Hay una duda que siempre he tenido, y
es saber qué forma física tiene Dios, ¿su silueta será humana? ¿Se verá igual a
nosotros? La verdad no lo sé. Sin embargo, a veces nos lo imaginamos, incluso
de forma inconsciente, como un humano con todas sus partes, ¿por qué lo digo?
Porque hay una convención universal de creer que Dios es “hombre”, es decir, no
es una “mujer”. Sí, cualquiera se imagina a Dios de sexo masculino, y si lo
imaginamos así, es porque definitivamente lo creemos con forma humana.
Pero, leyendo el libro “La
Cabaña” de Paul Young, vi algo que es muy cierto: ¿Por qué imaginamos que Dios
es hombre (un ser masculino), si él no es humano?. La Biblia dice que Dios es
Espíritu:
“Dios es Espíritu; y es necesario que los que lo adoran, lo adoren en espíritu y en verdad.”Juan 4: 24 (RVC)
Por lo tanto, no debe sonar extraño si
decimos que Dios no es ni hombre ni mujer, al fin y al cabo Él no posee un
cuerpo humano que lo encasille dentro de un género (hablo de Dios Padre; porque
el Hijo, Jesús, sí tuvo un cuerpo humano). Además, debemos recordar que de Dios
salieron ambos géneros, tanto el hombre como la mujer, y que en ambos Dios
depósito una facción de su divinidad. Esto no quiere decir que Dios sea un
hombre y mujer a la vez, sino una naturaleza completa de la que salieron los
humanos, los animales, las plantas, los mares, la tierra… todo. Así que es
absurdo decir que Dios es un hombre, o una mujer, o un árbol, o un planeta;
porque todo procede de Dios, así que todo forma parte de Dios. Es como una casa
enorme: yo no puedo decir que la puerta es la casa, o que la casa es una
puerta; más bien, la puerta es parte de la casa.
Teniendo claro que Dios no es una
persona o una cosa, y que a la vez Dios puede manifestarse a través de
cualquier persona o planta o animal (como se manifestó a través de la burra de
Balaam en Números 22: 28-33), ahora nos queda una duda: ¿Por qué el libro de
Génesis dice que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, si Dios no
tiene forma humana? Bueno, algo verídico es que Dios no tiene un cuerpo de
carne y hueso como el de nosotros, y a lo mejor no tiene forma humana, pero se
debe tener en cuenta que esa “imagen y semejanza” no se refería a la imagen
física de Dios.
Prácticamente todo lo que encontramos
en el Antiguo Testamento son simbologías de las cosas celestiales y de lo que
se cumpliría en la persona de Jesús en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, el
tabernáculo físico que construyó Moisés en el Antiguo Testamento representaba el
templo espiritual de Dios, que no es más que Cristo mismo morando en nosotros:
“¿Y qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? ¡Ustedes son el templo del Dios viviente! Ya Dios lo ha dicho: «Habitaré y andaré entre ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.»2 Corintios 6: 16 (RVC)
También tenemos el aceite con que
ungían a los reyes y sacerdotes del antiguo testamento, y que representaba la
unción que recibió Jesús en el nuevo testamento, que no era un aceite, sino el
Espíritu mismo de Dios, la misma unción que ahora nosotros recibimos por medio
de Jesús (Hechos 10: 38).
Por otro lado, el arca de Noé dentro de
la cual se salvaron ocho personas en el diluvio, simbolizaba a Jesús. Pues así
como esas ocho personas fueron puestas dentro del arca cuando Dios envió el
diluvio para establecer una otra creación, así Dios nos puso dentro de Jesús
cuando juzgó al mundo en la cruz, haciéndonos morir en Cristo y resucitar en Él
en la nueva creación:
“El amor de Cristo nos lleva a actuar así, al pensar que si uno murió por todos, entonces todos murieron; (…) De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo!”2 Corintios 5: 14-17 (RVC)
Entonces lo mismo puede decirse de la
creación del hombre: el cuerpo físico a lo mejor sí está hecho a imagen y
semejanza de Dios, pero no porque Dios tenga un cuerpo físico, sino que nuestro
cuerpo físico es una representación o simbología de la naturaleza divina. Porque
así como nuestro cuerpo está conformado por una cabeza inteligente y muchos
miembros que le obedecen, así el cuerpo de Cristo está compuesto por Él, que es
la cabeza, y todos nosotros que somos miembros de cuerpo:
“Porque así como el cuerpo es uno solo, y tiene muchos miembros, pero todos ellos, siendo muchos, conforman un solo cuerpo, así también Cristo es uno solo. 13 Por un solo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, tanto los judíos como los no judíos, lo mismo los esclavos que los libres, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu…”1 Corintios 12: 12-13 (RVC)
Por otro lado, también cabe destacar
que Adán, en el principio, estaba formado a imagen y semejanza de Dios porque
compartía su misma naturaleza divina, ya que vivía en perfecta comunión con su
Creador. Sí, ya sé que suena algo un poco loco, pero si aplicamos el sentido
común —porque he descubierto en la Biblia que Dios es el ser más racional—, veremos
que tiene sentido. Echemos un vistazo al Nuevo Testamento:
“No se mientan los unos a los otros, pues ya ustedes se han despojado de la vieja naturaleza y de sus hechos, y se han revestido de la nueva naturaleza, la naturaleza del nuevo hombre, que se va renovando a imagen del que lo creó hasta el pleno conocimiento…”Colosenses 3: 9-10
Y allí está el asunto. En este pasaje
Pablo nos enseña que después de la resurrección de Cristo, fuimos revestidos
con una nueva naturaleza que sí es imagen del Creador, es decir, imagen de
Dios.
Si se supone que todos fuimos
creados a imagen de Dios, ¿por qué razón Pablo dice que antes de Cristo
teníamos una naturaleza que no era imagen de Dios, y que la nueva que recibimos
luego de la muerte y resurrección de Cristo sí es imagen de Dios? ¿No y que
Adán fue creado a imagen de Dios, y por
lo tanto los que nacemos de Adán, nacemos con esa misma imagen? ¿O es que Adán
tenía un cuerpo hecho a imagen de Dios, un cuerpo que no es como el de
nosotros, pero que sus hijos, Caín y Abel, nacieron con otra forma, la que
conocemos y tenemos nosotros, y no con la forma de Dios?
Pues no, no es que Adán tuviera la
forma de Dios y el resto de los mortales no. ¿Entonces por qué las personas que
vivieron antes de Jesús no tenían la imagen de Dios? La explicación es
sencilla: Adán fue formado a imagen y semejanza de Dios, pero no de una manera
física, sino que Adán, al vivir en íntima comunión con Dios, tenía la
naturaleza misma de Dios dentro de sí. El problema, es que cuando Adán
desobedeció a Dios, se separó de su Creador y de su naturaleza, perdiendo la
imagen de Dios. Así que después de su caída, tanto Adán, como todos los humanos
que nacieron de Él, ya no estaban hechos a imagen y semejanza de Dios, porque
ya no tenían la naturaleza de Dios como parte de ellos. Si yo le cortó las alas
a un águila, sigue siendo un águila, pero ya no está hecho a imagen y semejanza
de un águila, porque le faltan las alas y la capacidad de volar. Así mismo,
Adán quedó incompleto al perder la naturaleza divina.
Precisamente fue eso lo que Jesús nos
devolvió con su muerte y resurrección, nos devolvió lo que perdimos en Adán: la
comunión con Dios. Y como ahora Cristo habita en nosotros, ahora nosotros
estamos siendo renovados según la imagen de Dios, tal como lo hemos leído en
Colosenses “y se han revestido de la
nueva naturaleza, la naturaleza del nuevo hombre, que se va renovando a imagen
del que lo creó hasta el pleno conocimiento”.
Esto nos enseña, que desde la caída de
Adán hasta Cristo, los humanos no estábamos formados a imagen de Dios, no conforme
a su imagen divina; porque perdimos esa imagen en el huerto del Edén. Pero ya
Cristo nos la devolvió por pura gracia y amor.
Tengamos presentes que la
intención de Jesús es restablecerlo todo como al principio de la creación.
Pero, notemos que el pasaje dice que la renovación es hasta llegar a un pleno
conocimiento, lo que quiere decir, que somos transformados a imagen de Dios a
medida que lo vamos conociendo a Él y a su palabra, ¿por qué?. Lógico, porque
tenemos la vida de Cristo en nosotros.
Para yo saber cómo soy, tengo que
conocer mi rostro, y esto lo hago mirándome en un espejo. Sólo que ahora es
Cristo quien vive en nosotros, “y
ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2: 20). Así que para ser conscientes
de nuestra verdadera imagen, no nos sirve un espejo común y corriente, porque éste
nos va a reflejar nuestro rostro físico. Debemos mirar un espejo que sea capaz
de reflejar al que vive en nosotros, un espejo que refleje nuestro rostro
espiritual, y ese espejo es la palabra de Dios y su conocimiento: en la Biblia
está registrada la forma de ser de Cristo, su naturaleza, su carácter, sus
valores, sus principios, su vida, sus pensamientos. La Biblia, cuando la
miramos, leemos, y estudiamos, es el espejo perfecto que nos puede reflejar el
rostro de Cristo que vive en nosotros, y al ver ese reflejo, somos cada vez más
conscientes de la nueva imagen que recibimos en Cristo, y nos formamos y
renovamos en esa imagen, que es la real imagen de Dios:
“Por lo tanto, todos nosotros, que miramos la cara del Señor a cara descubierta, como en un espejo, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”2 Corintios 3: 18
Antes de despedirme, quiero resaltar un
punto importante. Si nosotros somos renovados en la imagen de Dios a medida que
vamos conociendo a Cristo, entonces no se trata de que debamos imitar la vida
de Cristo. Al leer sobre Él en la Biblia, no nos esforcemos en imitarlo. No
necesitamos tratar de ser como Cristo, porque Él ya vive en nosotros. Si a mí
me dan alas, no necesito esforzarme en ser como un ave, porque ya lo soy. Nuestro
único objetivo, debe ser conocer al que ya habita en nuestro ser, y el mismo
Espíritu Santo se encargará de renovarnos según su imagen, como lo dice el
pasaje que acabamos de citar en 2 Corintios.

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