Una de las cosas que anteriormente
solían causarme confusión era preguntarme si a Dios le importa más lo que
hacemos o la intención con que lo hacemos. Como cuando conocemos a alguien que
roba para poder alimentar a sus hijos, sabemos que lo que hace es malo, pero la
intención es comprensible; o los que estafan a multimillonarios para compensar
a los más necesitados, la acción es mala pero la intención es noble. También
está el caso de los empresarios que hacen aportes benéficos para evadir
impuestos y son alabados por ello, pues lo que hacen es bueno aunque la
intención original no sea ayudar; o cuando un profesor ayuda a sus alumnos a
aprobar una materia regalándoles una alta calificación sólo porque en esa
ocasión sintió pereza de sentarse a corregir exámenes, le agradecemos por su
buena acción pero ignoramos su mala intención. Ahora debemos recordar que Dios
no ve como nosotros vemos ni piensa como nosotros pensamos, entonces debería
ser importante para nosotros saber a qué le da Dios mayor importancia, a las
buenas acciones o a la intención con que se hacen.
Supongamos que hay una chica que cuando
le toca exponer en clases se esfuerza en hacerlo bien, sin embargo sus
presentaciones siempre terminan siendo mediocres y sin una pisca de la
excelencia que ella cree tener, y aunque los profesores le ponen buena
calificación sólo por ver su buena intención de exponer lo mejor que puede, sus
compañeros siempre se burlan entre rumores cada vez que la ven pararse al
frente a tararear sus ponencias. Esta chica, a la que llamaremos Raquel, tiene
dos amigos, Alberto y Daniel. Daniel, por tenerle mucho aprecio y no querer
causarle ninguna vergüenza, siempre le dice que su exposición fue la mejor y
que se ve reflejado en sus altas calificaciones, ocultándole la realidad con la
buena intención de no entristecerla diciéndole que hasta ahora sus esfuerzos
han sido en vanos. Alberto por su parte, se divierte frustrando los planes de
las personas, y un día, bajo el pretexto de que un buen amigo siempre dice la
verdad aunque duela, le dice a Raquel que sus exposiciones a la verdad son las
peores del salón y que él por tenerle mucha estima se vio en la obligación de
decírselo para que ella no siguiera haciendo el ridículo, aunque sabemos que su
genuina intención era verla sufrir. Entonces tenemos por un lado a Daniel quien
tiene una sincera intención de evitarle el dolor, pero hace mal al ocultarle la
verdad a Raquel dejándola que siga siendo burla de todos, cuando Dios nos
enseña que los amigos deben aconsejarse aunque el consejo duela; y por otro
lado está Alberto que sí le abrió los ojos a Raquel pero con toda la intención
de causarle una herida. ¿Entonces qué vale más ante Dios, la buena acción o la
intención del corazón?
Vamos a partir citando la carta que
Pablo le escribió a los romanos:
“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;”Romanos 2: 5-8
Aquí podemos ver, hasta el momento, que
Dios verá son nuestras buenas obras, ¿y qué de las buenas o malas intenciones
de la gente? Primeramente recordemos, como se ha tratado en artículos
anteriores, que con buenas obras no recibimos salvación, y que si Cristo dice
que pagará a cada uno según sus obras es porque estas reflejan quiénes han
abierto su corazón para recibir la gratuita salvación, y que estas buenas obras
no las hacemos por nuestra cuenta sino que es la semilla que Jesús plantó en
nosotros y su Espíritu Santo los que nos llevan a realizarlas. Regresando al
asunto de las intenciones, notemos que las primeras frases del versículo citado
de la carta a los romanos nos hablan del corazón, ya que el que tiene un
corazón duro y no arrepentido hace malas cosas:
“Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.”Mateo 15: 19
Entonces Dios sí toma en cuenta el
corazón, no sólo los hechos externos, es sólo que las acciones son reflejo de
nuestro corazón, porque si bien lo que hacemos no nos define como buenos o
malos, sí reflejan si nuestro corazón es bueno o es malo, como siempre me
recuerda un amigo mío: una persona no es mala por hacer cosas malas, sino que
hace cosas malas porque es mala, así como una persona no se vuelve buena por
hacer cosas buenas, sino que el ser bueno lo lleva a hacer cosas buenas;
entonces lo que hacemos no nos define, pero sí refleja lo que somos, así como
la fruta refleja de qué es el árbol: un árbol de mamón no se vuelve un árbol de
manzana porque empiece a dar manzanas, si da manzanas es porque ya era un árbol
de manzana.
Ahora, el que se arrepiente
sinceramente de corazón, no importa lo que haya hecho, será recibido en los
brazos de Jesús:
“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”Salmo 51: 17
Y no es que al arrepentirnos
comenzaremos a hacer todas las cosas buenas que a Dios le agradan, no, porque
con el corazón que tenemos no podemos hacer lo que a Dios le agrada, así como
el árbol malo no puede dar frutos buenos (Mateo 7: 16-20). Lo que Dios hace es
darnos un nuevo corazón, pero para poder recibir un nuevo corazón debemos ser
arrancados como árboles y ser plantados de nuevo con la buena semilla de Jesús,
recuerden que es necesario nacer de nuevo para ser parte del reino de Dios;
porque, cómo es que Dios va a poner un nuevo corazón en un cuerpo viejo, es
decir, en nuestro antiguo yo, nuestra antigua forma de ser, nuestro viejo
hombre; si el mismo Jesús dijo:
“Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.”Mateo 9: 16
Entonces somos arrancados, plantados de
nuevo, y nacemos con un nuevo corazón:
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”2 Corintios 5: 17
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obras.”Ezequiel 36: 26-27
Vemos que Dios nos otorga un nuevo
corazón, y ese nuevo corazón sí está capacitado para hacer lo que a Dios le
agrada, y que además, como ya hemos aprendido, es el Espíritu de Dios que al
recibirlo nos mueve a hacer la voluntad de Dios, a producir frutos. Entonces
tengamos claro que si aún no hemos creído en la sangre de Jesús no importa qué
tan buenas personas creamos que somos, no podemos hacer lo que le agrada a Dios
ni por obra ni por intención, porque sin fe en la obra que Jesús hizo en la
cruz no recibimos el nuevo corazón, es por eso que el escritor de la carta a
los Hebreos dice que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11: 6), y como
ya Cristo hizo la mayor prueba de fe al morir en la cruz creyendo que el Padre
lo resucitaría, ahora nosotros tenemos que creer en Jesús para morir y nacer de
nuevo con la fe de Él:
“sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.”Gálatas 2:16
Por lo tanto no se trata de nuestras
acciones y de nuestras intenciones, sino de quiénes viven con el nuevo corazón
otorgado por Dios, y el Señor recompensará las buenas acciones porque son
reflejo de que mi corazón es bueno, y es bueno no porque yo haya sido bueno, sino
que proviene de Dios. Ahora ustedes se preguntarán ¿y qué con las personas que
hacen buenas cosas aun viviendo con el corazón viejo sin ser conscientes del
nuevo? Bueno, recordemos que a todos se nos otorga el nuevo, y si esas personas
endurecen su corazón para no recibir lo que se les ofrece por gracia, tarde o
temprano ellos mismos, sin que nadie se los diga, o se darán cuenta que en el
fondo no son tan buenos como ellos creían, o se sentirán solos y vacíos y como
que de nada les aprovecha ser tan buenos, porque nadie es autosuficiente, todos
necesitamos de Dios, y aquí hablo por experiencia propia.
¿Y si una persona decide hacer buenas
obras en un intento de engañar a Dios? Porque claro, si por medio de mis obras
Dios puede ver que tengo un corazón nuevo y limpio, entonces yo puedo hacer
buenas obras para que cuando Él las vea crea que tengo un buen corazón, aunque
mis intenciones sean malas. Pues una persona así se equivoca, porque ante Dios
tanto la acción como la intención tienen el mismo peso, así que no basta con
tener buenas intenciones, ni basta con hacer buenas acciones, Dios evalúa ambas
cosas para ver quiénes han creído genuinamente en su Hijo. ¿Y dónde dice eso?
Veamos el salmo 24:
“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación.”Salmo 24: 3-5
Cuando dice “el limpio de manos” se
refiere al que hace buenas acciones, y cuando dice “puro de corazón” se refiere
a tener buenas intenciones y pensamientos, al decir “el que no ha elevado su alma
a cosas vanas” es quien no centra toda su atención en las cosas del mundo, es
decir de la vida secular, sino quien se preocupa por las cosas que realmente
importan ante Dios, y “jurado con engaño” se refiere a las mentiras y falsos
testimonios. Entonces vemos que ante Dios importa tanto la acción como la
intención, tanto lo que se ve que hacemos como lo que llevamos por dentro, y
por lo mismo no podemos decir que mentir por una buena causa está bien, que
dejar a nuestro amigo seguir en su error para no lastimarlo está bien, que
robar para darle de comer a mis hijos está bien (porque estarías confiando más
en tus propios medios para encontrar comida que en Dios, quien recompensa al
trabajador y al que confía en Él); así como tampoco podemos decir que tal estafador
es bueno porque compartió el dinero robado con los pobres, ni que el hacer
obras benéficas me hace una buena persona cuando mi intención es librarme de
impuestos, ni mucho menos decir que no importa que nuestros dirigentes roben
siempre y cuando nos mantengan contentos, o que un profesor que me ayuda a
pasar la materia con procedimientos no reglamentarios hace bien. Desde el caso
más insignificante hasta el más complejo tanto la obra como la intención tienen
que ir de la mano.
Confieso que yo aun después de
comprender todo esto seguía con la duda, preguntándome: ¿si es así entonces por
qué Pablo no es más específico en la carta a los romanos y dice que Dios no
pagará sólo por nuestras obras sino también por nuestras intenciones a la hora
de evaluar con qué semilla fuimos plantados? Es por eso que siempre debemos
seguir estudiando la Biblia y pedirle a Dios que sea su Espíritu Santo
enseñándonos para no hacer interpretaciones erróneas. Pues bien, continuando la
lectura vi que definitivamente Dios asegura que tanto lo uno como lo otro es
tomado en cuenta a la hora de evaluar de qué está hecho nuestro corazón, específicamente
en el libro de Jeremías:
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.”Jeremías 17: 9-10
Y aquí se nos habla con toda claridad,
se nos recalca que Dios va a pagar a cada uno según sus obras, pero igualmente
va a escudriñar la mente de cada quien y probará los corazones, para así
conocer las verdaderas intenciones con las que esas obras se hicieron, sean
buenas o sean malas. Así que no pretendamos engañar a Dios con nuestras buenas
acciones, ni pretendamos que de puras buenas intenciones seremos recompensados,
porque si volvemos a leer el salmo 24 veremos que para subir al monte de Dios
hay que ser limpio de manos y puro de corazón, el salmo le da igual importancia
a ambas cosas, porque una tiene que ir complementada con la otra, así como la
fe se complementa con las obras de fe, y si falta una entonces de nada sirve.
Además es importante notar que aun el libro de Jeremías enseña que el hacer
buenas obras y tener un corazón limpio no depende de nosotros, sino que viene
de Dios, y que para ser partícipe de ello sólo debemos entregar nuestra
confianza en Dios, que como hemos aprendido en artículos anteriores para
confiar en Dios se debe confiar y creer primeramente en lo que Jesús hizo en la
cruz. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por
mí.” Dijo Jesús en Juan 14: 6. Ahora bien, veamos en qué parte es que Jeremías
nos enseña esto, pues justamente en los versículos anteriores a los que hemos
citado:
“Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”Jeremías 17: 7-8
Nuevamente se nos compara con un árbol,
y nos dice que no daremos fruto por nuestra propia elección, sino que como
hemos confiado en Dios entonces seremos como un árbol plantado junto a las
aguas, y son esas aguas las que nos permiten producir el fruto, porque las
aguas son el Espíritu de vida, el Espíritu Santo, la semilla con que fuimos
plantados es la palabra de Dios, nuestra raíz es Cristo, y el crecimiento lo da
Dios con su sol de Justicia. Así que si bien seremos recompensados por nuestras
buenas obras y las intenciones con que las hagamos, esas obras e intenciones no
provienen de nosotros, el mismo Dios se encarga de entregarnos un nuevo corazón
apto para esas buenas obras que además, como dijo Pablo, ya fueron preparadas
de antemano para que nos ocupásemos en ellas (Efesios 2: 10). En fin, todo esto
nos recuerda que por gracia somos salvados, por gracia se nos entrega un
corazón nuevo, por gracia se nos permite participar en buenas obras, por gracia
se nos recompensan esas buenas obras; y la gracia como ya sabemos no es más que
cuando se nos otorga algo que no merecemos ni hicimos nada por merecer.
Para concluir, citemos el libro de los
proverbios:
“Libra a los que son llevados a la muerte; salva a los que están en peligro de muerte. Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras.”Proverbios 24: 11-12
Con esto no me queda duda de que Dios
al pagar según las obras también pesa los corazones para ver las intenciones, y
ver las verdades y mentiras que hay en nuestras palabras y en nuestras
acciones. En este caso el proverbio se dirige a los que ya tienen conocimiento
de la palabra y tienen el deber de enseñarle a otros que abriendo sus corazones
al Señor serán conscientes de la salvación y el nuevo corazón que se les otorga,
y con decir que no lo sabíamos no podremos engañar a Dios, porque Él puede
escudriñar toda mente y todo corazón. Y a los que aún no han abierto su
corazón, recuerden que a todos se nos otorga la salvación gratuita, sólo
debemos abrir nuestro corazón para que se haga realidad en nuestra vida.
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”Apocalipsis 3: 20

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